Ciudad de México, mayo 2026.- Al hablar de salud materna, persiste una visión reducida que la limita a los cambios físicos durante el embarazo y después del parto. Este enfoque omite factores críticos como las transformaciones hormonales y emocionales que atraviesan las mujeres en el periodo posparto, las cuales pueden afectar de manera significativa su bienestar y su vínculo con el bebé.
A nivel mundial, se estima que entre el 10% y el 20% de las mujeres, durante el periodo de recuperación tras el parto, desarrollan depresión posparto o depresión materna, lo que subraya la relevancia de visibilizar y atender esta condición desde un enfoque integral. 1
Durante el postparto, el cuerpo de la mujer experimenta múltiples cambios hormonales. El estrógeno y la progesterona disminuyen hasta alcanzar niveles previos al embarazo, lo que puede generar cuadros de tristeza y melancolía. Al mismo tiempo, la prolactina y la oxitocina permanecen elevadas para favorecer la producción de leche, que puede influir en el estado de ánimo, presentando episodios de melancolía o euforia.
“En el periodo posparto es importante diferenciar los cambios emocionales esperados de aquellos que requieren atención. Los llamados baby blues describen un estado emocional común después del parto, caracterizado por tristeza leve, irritabilidad o llanto fácil durante los primeros días. A diferencia de la depresión posparto, se trata de una condición temporal y de menor intensidad” mencionó el Dr. Humberto Bautista, vocero oficial de PiSA Farmacéutica.
Para hablar de depresión posparto, es importante considerar que estos síntomas persisten por tiempo prolongado después del nacimiento. Entre las principales manifestaciones se encuentran: pérdida de interés o de placer, cambios en el apetito o en el peso corporal, fatiga, problemas de concentración, trastornos del sueño, sentimientos de culpa excesiva o inapropiada, agitación o retraso psicomotor, así como pensamientos de riesgo para sí misma.
Es importante saber que existen diversos factores que pueden contribuir al desarrollo de este trastorno. Entre ellos, destacan: 3
- Comparaciones derivadas de los cambios físicos posteriores al embarazo.
- Presión social por ajustarse a estándares idealizados de la maternidad.
- Desafíos asociados a la lactancia, incluyendo los mitos y expectativas que la rodean.
Frente a este panorama, el acompañamiento del entorno cercano es fundamental. Algunas acciones que pueden contribuir al bienestar de la madre incluyen reconocer que atraviesa múltiples cambios a nivel físico, emocional y social; brindar apoyo en el cuidado del bebé y en las tareas del hogar; favorecer espacios de descanso; y permitir que la madre disponga de tiempo personal para atender sus propias necesidades.
Referencias
- Gelaye B, Rondon MB, Araya R, Williams MA. Epidemiology of maternal depression, risk factors, and child outcomes in low-income and middle-income countries. Lancet Psychiatry. 2016;3:973-82.
- Lara MAL, Patiño P, Navarrete L, Nieto L. Depresión posparto, un problema de salud pública que requiere de mayor atención en México. Género y Salud en Cifras. 2017;15:12-22
- Rochat TJ, Tomlinson M, Bärnighausen T, Newell ML, Stein A. The prevalence and clinical presentation of antenatal depression in rural South Africa. J Affect Disord. 2011;135:362-73
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